The Invisible Man

The Invisible Man

Netflix the cat is threading his way through the gold leafed columns on one of Pedro Friedeberg’s recent sculptures. It’s noon on a beautiful late fall day in Mexico City.  The piece towers over us as we chat and sip Prosecco.  I imagine it crashing down and the domino effect taking out the other artwork surrounding us.  Pedro says he does it all the time.  I’m in Mexico working on my next book and planning shows I will curate next year.  This will be the first of two visits with Pedro while here.  In a time of instantly forgettable art on social media, Pedro’s work is refreshing and memorable.  Pedro was born in Florence Italy and moved to Mexico when he was 3 escaping the perils of World War 2 in Europe.  His house is a living scrap book of his life.  The walls are full of artwork from friends and fellow artists that span decades.  These gifts and bartered works are blended with collections of his own work.  Several variations of his renowned hand chair occupy rooms throughout his home.  Trinkets, toys and collectibles cover tables and loom on shelves.  He takes salon style art hanging to the next level.  Needless to say it is overwhelming as an absolute admirer of Pedro’s work.

We talk as Pedro gives me a tour of his home.  On the roof is a large white hand chair sculpture with many potted plants.  He explains that he had to take them down from the roof ledge after the earthquake due to the worry that they might fall and hit a bystander on the street.  What’s amazing is that his home and collection were not damaged by the September 2017 earthquake.  So many precariously balanced treasures that stayed stoic in the face of disaster.  Pedro has had a long career and continues to be prolific.  On one floor is the gold leafed architectural inspired work and upstairs in his studio is a table of mixed media work in progress.  Pedro briefly studied architecture, the towering monument and temple works make sense.  The work in his studio is for a new hotel in Mexico.  The designs involve his love of handmade rubber stamps.  Outside of his studio is a large collection of the stamps in an antique curio cabinet.  His designs have been transformed into stamps that he uses to make patterns on sheets of paper. Each sheet is then augmented with acrylic or ink.  His studio has the feel of a library but with much better light.  Shelves of books stand guard over the large table populated with ink, paint, paper and other tools of the trade.  Soon he will move the studio to the top of the house with even more light and access to the roof.

Sitting at a small table surrounded by his work old and new I listen and ask.  Pedro is generous and interesting.  The conversation travels from Florence being ominous to mugging experiences in Europe to ghettos in Mexico to how Paris has changed over the years.  On my second visit we drink tea and talk about corrupt politicians, the art on his walls, the tardiness of Mexicans and future plans.  He shows me a book he is working on.  It’s filled with sketches and micro installations.  Windows cut into pages to reveal secrets from the next page.  Playing cards and tarot are the continuous theme intertwined with stamps and colorful geometric drawings. I wish I could take the book home with me and place it on my shelf next to Steinbeck, Carver and Murakami.  Legends belong together.  Pedro tells me at his age he is now considered invisible.  He can walk down the street and nobody sees him at age 81.  I understand but disagree.  It’s a problem in today’s society.  Social media and technology breeds disposable and rewards the instantly forgettable.  The past generations experience is vital, it’s the hidden treasure that is easy to discover and now days is easy to forget.   Everyone you pass on the street has a story, everyone has a contribution to make.  Pedro’s contributions to the art world are immeasurable and timeless.   As an invisible man, Pedro Friedeberg casts a long and surreal shadow when he walks down the street.
**Spanish & French translation below.**
  
  

  
  

  



El Hombre Invisible

Es medio día en una hermosa tarde otoñal en la Ciudad de México y Netflix, el gato, teje su camino a través de las columnas doradas de una de las esculturas más recientes de Pedro Friedeberg, un artista generoso e interesante. La escultura nos cobija mientras bebemos prosecco y comienzo a imaginar que se viene abajo y que el efecto dominó que desata se lleva consigo las demás obras de arte a nuestro alrededor, Pedro menciona que constantemente piensa lo mismo. Esta será la primera de mis dos visitas a su estudio mientras esté aquí, trabajando en mi siguiente libro y planeando las exposiciones que curaré el año entrante. En una época en la que el arte en las redes sociales se vuelve olvidable casi al instante, el trabajo de Pedro es refrescante y memorable. Friedeberg nació en Florencia y se mudó a México cuando tenía 3 años, huyendo de los peligros de la Segunda Guerra Mundial en Europa, su casa es un enorme libro de recortes de su vida, las paredes están llenas de obras de sus amigos y colegas artistas que abarcan décadas. Estos regalos e intercambios se mezclan con colecciones de sus propio trabajo, muchas variantes de su reconocida silla con forma de mano ocupan cuartos en toda la casa. Baratijas, juguetes y coleccionables cubren mesas enteras y adornan repisas, lleva la decoración de salón a otro nivel y como admirador de su trabajo me resulta abrumador.
Seguimos platicando mientras recorremos la casa y al llegar a la azotea nos recibe una enorme escultura blanca de una de sus sillas y docenas de macetas, que me explica que tuvo que bajarlas de la cornisa después del terremoto por temor a que cayeran sobre algún peatón. Resulta maravilloso que su casa y su colección no sufrieron ningún daño a causa del temblor de septiembre, una multitud de tesoros precariamente balanceados permanecieron estoicos haciéndole frente al desastre.

Pedro ha tenido una larga carrera de la que no descansa, en un piso de la casa está su obra cubierta de chapa de oro con marcadas referencias arquitectónicas, lo cual no resulta extraño pues Pedro estudió arquitectura brevemente y esa influencia es notoria al observar obras como aquel impresionante monumento con columnas doradas y sus piezas con templos. En el estudio del nivel superior está una mesa llena de obras en proceso, salpicadas de técnicas diversas, cuyo destino final será un nuevo hotel en México, en su diseño se nota el amor por los sellos de goma hechos a mano, que puede apreciarse en un antiguo gabinete de curiosidades ubicado justo afuera del estudio, repleto de ellos. Los diseños son transformados en sellos que usa para reproducir patrones sobre pliegos de papel que después son embellecidos con acrílico o tinta. Este espacio tiene pinta de biblioteca pero con mucha mejor iluminación, estantes llenos de libros hacen guardia sobre una gran mesa ocupada por tinta, pintura, papel y otras herramientas de trabajo. Pronto mudará su estudio a la parte superior de la casa, con mejor luz y acceso directo a la azotea. Sentados en una pequeña mesa y rodeados de obra que abarca todas las etapas de su vida, me dedico a escuchar y de vez en cuando hago preguntas para guiar nuestra conversación, que atraviesa distintas fases, desde lo aborrecible que es Florencia, anécdotas de asaltos en Europa o en los barrios bajos de México, hasta cómo París se ha transformado a través de los años.

En mi segunda visita bebemos té y hablamos sobre políticos corruptos, el arte en sus paredes, la impuntualidad de los mexicanos y sus planes futuros. Repentinamente me muestra el libro en el que ha estado trabajando: está lleno de bocetos e instalaciones en miniatura, suajes en algunas hojas que revelan los secretos que se ocultan en las páginas siguientes, naipes y cartas del tarot son temas continuos que se entrelazan con sellos y dibujos geométricos llenos de color. Quisiera llevarme este libro de regreso a casa y ponerlo en mi librero junto a Steinbeck, Carver y Murakami, todas estas leyendas merecen estar juntas. Es entonces cuando Pedro me dice que debido a su edad, ahora es considerado invisible, que cuando camina por la calle nadie nota su presencia a los 81 años. Entiendo lo que dice pero no concuerdo con ello, este es un problema con nuestra sociedad actual, las redes sociales y la tecnología nos proporcionan elementos desechables y premian lo instantáneamente olvidable. La experiencia de las generaciones pasadas es vital, son un tesoro escondido tan fácil de descubrir pero tan fácil de olvidar hoy en día, todas aquellas personas que caminan por la calle tienen una historia, todos tienen una contribución qué hacer. Las contribuciones de Pedro al mundo del arte son inconmensurables y eternas y a pesar de ser invisible, Pedro Friedeberg emana una sombra gigantesca y surreal mientras camina por la calle.

L’Homme Invisible

Netflix le chat se fraie un chemin à travers les colonnes dorées à la feuille de l’une des sculptures récentes de Pedro Friedeberg. Il est midi en cette belle journée de fin d’automne à Mexico. L’oeuvre nous toise alors nous discutons et buvons du Prosecco. Je l’imagine s’écraser au sol et l’effet domino emportant toutes les autres oeuvres qui nous entourent. Pedro dit qu’il fait ça tout le temps. Je suis à Mexico pour travailler sur mon prochain livre et préparer les expositions dont je serai le commissaire l’année prochaine. Il s’agit de la première des mes deux visites chez Pedro pendant mon séjour. A l’époque d’un art instantanément oubliable sur les réseaux sociaux, le travail de Pedro est rafraîchissant et mémorable. Pedro est né à Florence en Italie et a déménagé à Mexico quand il avait 3 ans, fuyant les périls de la IIe Guerre Mondiale en Europe. Sa maison est un carnet de notes vivant de sa vie. Les murs sont remplis d’oeuvres d’amis ou de confrères artistes qui couvrent plusieurs décennies. Ces cadeaux ou ces trocs sont mélangés de collections de son propre travail. Plusieurs versions de sa fameuse “Hand Chair” occupent des salles entières de sa maison. Des babioles, des jouets et des objets de collection recouvrent tables et étagères de leur poids.
Nous parlons en même temps que Pedro me fait la visite de sa maison. Sur le toit se trouve une grande “Hand Chair” blanche et beaucoup de plantes en pots. Il m’explique qu’il a dû les retirer de la corniche du toit après le tremblement de terre, inquiet qu’elles puissent tomber et heurter un passant dans la rue. Ce qui est incroyable est que sa maison et sa collection n’ont pas été touchées par le tremblement de terre de septembre 2017. Tous ces trésors disposés de façon précaire sont restés stoïques face au désastre. Pedro a eu une longue carrière et continue d’être prolifique. Sur un étage se trouve une pièce dorée à la feuille d’or inspirée de l’architecture, et en haut dans son atelier se trouve une table de travaux divers en cours de réalisation. Pedro a rapidement étudié l’architecture, ses oeuvres en forme de tours et de temples ont donc du sens. Le travail en cours dans son atelier est pour un nouvel hôtel à Mexico. Les dessins font référence à son amour des tampons artisanaux. En dehors de son atelier se trouve une vaste collection de tampons dans un cabinet de curiosité antique. Ses dessins ont été transformés en tampons qu’il utilise pour créer des motifs sur des feuilles de papier. Chaque feuille est ensuite rehaussée à l’acrylique ou à l’encre. Son atelier fait penser à une bibliothèque mais avec beaucoup plus de lumière. Des étagères de livres tiennent la garde au dessus d’une grande table remplie d’encres, de peinture, de papier et d’autres outils du commerce. Il déménagera prochainement l’atelier tout en haut de la maison où il y a encore plus de lumière et un accès au toit.
Assis à une petite table, entouré de son travail ancien et nouveau, j’écoute et pose des questions. Pedro est généreux et intéressant. La conversation voyage d’une Florence inquiétante, d’agressions en Europe, aux ghettos de Mexico et à comment Paris a changé au fil des ans. Lors de ma 2e visite on a bu du thé et parlé de corruption des politiques, des oeuvres sur ses murs, de la lenteur des mexicains et de ses projets futurs. Il me montre un livre sur lequel il travaille. Il est plein de croquis et de petites installations. Des fenêtres apparaissent au travers des pages pour révéler des secrets de la prochaine page. Jouer aux cartes et au tarot est un thème continu qui s’intercale entre les tampons et les dessins géométriques colorés. J’aurais adoré ramener le livre chez moi pour le placer sur mon étagère à côté de Steinbeck, Carver et Murakami. Les légendes vont ensemble. Pedro me dit qu’à son âge il se considère désormais invisible. Il peut descendre la rue et personne ne le voit, avec ses 81 ans. Je comprends mais je ne suis pas d’accord. C’est un problème de notre société contemporaine. Les réseaux sociaux et la technologie élèvent aux nues ce qui se jette et récompensent ce qui s’oublie instantanément. La contribution de Pedro au monde de l’art est incommensurable et intemporel. En tant qu’homme invisible, Pedro Friedeberg projette une ombre longue et surréaliste lorsqu’il marche dans la rue.

13 Art Fair in Paris

Hellion is in Paris this week for the first edition of the 13 Art Fair.  Showing work from AJ Fosik, Ben Venom, Stephanie Buer, Tengaone, Shohei Otomo and Curiot.  More info here.

A tale of two print shops

I really don’t like inkjet prints.  Sure they are cheap and they photographically recreate an artist’s work but they lack a craftsman’s touch, they have no soul. In the last two months while working in Mexico City and Paris I have had the opportunity to spend time at two of my favorite print shops in the world.  75 Grados in Mexico City and IDEM in Paris. Idem is a lithography print shop that has been printing for 135 years.  I visited Idem for the first time over two years ago while I was working on the “The Tall Trees of Paris” book.  I stopped by to watch artist Alexone’s litho being made.  It was a fantastic experience and I didn’t know if I would get a chance to return in the future. On that day I met Patrice the shop master, who was very cordial and showed me around.  Seeing the archive of legendary artists represented on the upper floors was unbelievable.  This past June I was lucky enough to accompany artist Andrew Schoultz to Idem while he was working on his print for “Print them all” out of Geneva, Switzerland.  A long covered alley leads to the entrance of Idem, and behind a big black steel door, visitors are greeted by a room full of varying sizes of litho stones. A giant paper cutter stands in the corner. Across the threshold and into the main printing room resides an impressive collection of massive to gargantuan printing presses.  There is space for artists to draw, proof and sign prints, all under natural light flooding in from skylights. In a method that truly captures the moment, Andrew Schoultz drew one of his prints directly to stone in the shop.  The bygone era industrial atmosphere bleeds from every corner and eventually permeates the work being done there.  On this trip again I had a chance to chat with Patrice.  Like a team of surgeons working to transplant a heart, the team of printers tackle each print and press.  I doubt the end result of each print could be replicated elsewhere.  The shop has paid its dues and each scar finds its way into the ink on each piece of paper printed.  There is a fantastic short film about Idem by director/writer David Lynch that is well worth checking out.  Lynch also makes prints at Idem and was in the shop working the day I was there.

FIJQ1257.JPG
IMG_2303.jpg
IMG_2314.jpg
IMG_2318.jpg
IMG_2320.jpg
IMG_2324.jpg
IMG_2340.jpg
IMG_2386.jpg
KBZI1830.JPG
OPUP6876.JPG
BBBM0715.JPG
CVFQ4455.JPG
PKIE1119.JPG
PXZZ2261.JPG
QYNY1957.JPG
RYHO3102.JPG
WMBU5791.JPG
XSHM9731.JPG
YGHR3425.JPG

Across the world in another neighborhood in Mexico City is 75 Grados print shop.   They make silkscreen prints and have been doing it for over 35 years.  Being in the middle of working on my next “Tall Trees of” book about Mexico City, I have visited the city a few times this year to gather material and meet artists.   I had the opportunity a couple of months ago to visit the shop with artist Raul Urias and to meet shop boss Arturo Negrete.  The shop is on a non-descript street in Cuauhtémoc with an exterior featuring murals painted by friends of the shop.  Entering the main floor there, I first noticed several people cutting up print negatives.  Arturo explained that after each edition is finished the negatives are destroyed to ensure each artist that no further prints will be made of their work.  Hanging upon and leaning against the old red brick walls are framed serigraph prints made in the shop over the years.  In the back office through an archway some folks worked on computers while a “dia de los muertos” paper mache skeleton sat across the room watching.  Arturo showed me a selection of archival prints with colors that were so vibrant, and print quality and registration that were so perfect.  The shop smells hazardous in a good way.  These inks and chemicals create beauty.  The printer’s hand makes them unique.  We headed up a steel spiral staircase to the second floor where two different prints were in process.  One person examined each print as the other person squeegeed the ink through the screen.  Less than perfect ones were set aside and the survivors got a spot on the drying rack.  The shop is quite compact, yet produces huge prints.  Having originally been interested because they work with quite a few artists who will appear in my next book, I am now looking forward to featuring them in the book as well.

IMG_0004.jpg
IMG_0016.jpg
IMG_0018.jpg
IMG_0042.jpg
IMG_1559.jpg
IMG_1560.jpg
IMG_1564.jpg
IMG_1567.jpg
IMG_1569.jpg
IMG_1572.jpg
IMG_1573.jpg
IMG_1577.jpg
IMG_1581.jpg
IMG_1585.jpg
IMG_1587.jpg
IMG_1591.jpg
IMG_1594.jpg
IMG_1598.jpg
IMG_1604.jpg
IMG_1605.jpg
IMG_1607.jpg
IMG_1610.jpg
IMG_1612.jpg
IMG_1617.jpg
IMG_9964.jpg
IMG_9973.jpg
IMG_9981.jpg
IMG_9997.jpg

Available work from “Hijos Del Lago Perdidio”.

Hijos del lago perdido (Children of the lost lake)
Mexico City is built on the ancient lake Texcoco.   The Aztecs built the city of Tenochtitlan on an island in the middle of the lake in the 1300’s.  After the Spanish conquered the Aztec empire in the 1500’s, the lake was filled in to control flooding.  The lost lake of Texcoco gave birth to the city and it’s culture. When I arrived in Mexico City to start working on my next book “The Tall Trees of Mexico City” this year, I had an established recipe for finding artists, making books and curating art exhibitions, but I did not know if it would work in Mexico like it had in Tokyo, Portland and Paris.  Very quickly any doubt was put to rest as I started meeting artists and they were in turn introducing me to other artists.  The “Hijos del lago perdido” (Children of the lost lake) show represents a selection of artists that will appear in the next book.


View available artwork here.